miércoles, 20 de julio de 2011

Carta de un compañero

Reproduzco una carta explicando la situación. Creo que, en algún momento, habrá que hacer un discurso único donde no dejemos nada por explicar.
Por otro lado, se puede/debe ir recogiendo propuestas y matizarlas hasta que en Septiembre tomen forma.

Ante el grave atentado a la educación pública madrileña

Las recientes Instrucciones de comienzo del curso 2011-12 de la Viceconsejería de Educación de la Comunidad de Madrid suponen un atentado flagrante a la enseñanzapública. De su contenido se desprende lo siguiente:
  • Un aumento de más del 10% en las horas lectivas de cualquier profesor (exceptuado el Equipo Directivo), que permitirá una reducción de más del 10% del profesorado con el consiguiente aumento del paro. Se puede calcular que aproximadamente 3000 profesores engrosarán las listas del paro
  • La hora de tutoría de atención al grupo de alumnos desaparece.
  • La disminución de profesores afecta, irremediablemente, al incremento de Guardias por profesor y/o a la reducción del número de profesores en cada Guardia, lo que conlleva evidentes problemas organizativos.
  • El número medio de grupos por profesor será de 7, con una horquilla que va de 5 a 9. La atención a los alumnos se verá seriamente afectada al producirse tal incremento de alumnos/profesor.
  • La desaparición de la mayor parte de los desdobles.
  • La desaparición de facto de muchas medidas de apoyo (aulas de estudio, etc).
  • El número de horas disponibles para trabajar en casa en la programación, preparación de clases, corrección, pasar faltas etc. se reducirá notablemente.
La idea que subyace en los responsables administrativos de la educación madrileña es que se puede incrementar el horario lectivo del profesorado sin que ello suponga disminución alguna de la calidad, término este último que tanto les gusta emplear como si de un electrodoméstico se tratara. La “calidad” en un servicio público, como en todos los demás, cuesta dinero. La Consejera Lucía Figar (curiosamente Consejera de Educación y Empleo) declara sin rubor que “solo proponen que el profesorado cumpla (sic) su horario”.
La derivada es inmediata ¿acaso no cumplían antes su horario? Sobran comentarios. Cualquiera que se acerque a la salida de un Instituto podrá comprobar cómo todos los estudiantes y los profesores salen portando carteras, mochilas o bolsos llenos de papeles.
Y no se trata de practicar el poco elegante deporte de trasladar pesos. Se llevan trabajo a casa.
No reconocer el trabajo llamado “no lectivo” del profesorado es equivalente a considerar que el bombero solo trabaja cuando apaga un incendio, el juez cuando celebra vistas o el cirujano cuando está en el quirófano. Y que no lo reconozcan los responsables políticos de la educación es muy grave. De poco valen campañas publicitarias como la que el pasado año emitió la tan propagandística Comunidad de Madrid en la que se intentaba mostrar una imagen del profesor equivalente al perrito andando por una carretera (“Él no te abandonaría”). Era hasta ofensiva para la dignidad de un profesional.
No es inocente, de publicidad y propaganda sí saben mucho en la Comunidad de Madrid.
Ante esto solo caben respuestas contundentes y es necesario mostrar el verdadero alcance del recorte en educación.
  • Irremediablemente disminuirá la atención a alumnos y a sus familias
  • Surgirán importantes problemas organizativos puesto que durante el horario de permanencia en el centro, todos los profesores estarán dentro de un aula sin que nadie pueda atender incidencias.
  • Disminuirá el menor tiempo dedicado a la preparación y corrección de pruebas (exámenes), lo que supondrá una disminución de su número (algo que no le va a gustar especialmente a los alumnos).
  • Se recorta el tiempo dedicado a la preparación y desarrollo de actividades extraescolares.
  • Disminuirán o desaparecerán los grupos reducidos en laboratorios de ciencias, idiomas y/o refuerzos.
El profesorado, como el resto de los funcionarios, asumió de hecho el recorte en el sueldo tras anteriores congelaciones de las que el resto de la sociedad no se acuerda y soportó, sin que apenas se notara, el recorte que ya se inició el curso pasado. Tal vez haya llegado el momento de defender el servicio público de la educación con la fuerza necesaria, puesto que tal y como evoluciona la situación general, puede que esto no sea más que el principio.
Todo el mundo coincide (como no podía ser de otra manera) que sin educación no hay futuro. Y la educación pública es la única que garantiza un servicio necesario a los ciudadanos, no a consumidores o clientes, sino a ciudadanos. No se trata de competir con otros modelos ni de ser competitivos entre los centros sino competentes en ofrecer lo mejor para los ciudadanos en formación. Nuestro campo de juego no es el mismo que el de las empresas privadas. Somos un servicio público de titularidad pública y podemos tener fe en él. Dejar de adoptar las medidas que pongan freno a estos atentados por miedo a que la imagen de la enseñanza pública se deteriore favorecerá su deterioro total (no solo de la imagen). Si, como es sobradamente conocido, un objetivo futuro del modelo que defiende el actual gobierno de la CM es la privatización de los servicios públicos, no será callando como lo impidamos.
Para lograr la adecuada respuesta tendremos que llegar a acuerdos responsables, puede que imaginativos, pero en cualquier caso que constituyan importantes medidas de presión y que se logren desde el mayor consenso posible. De poco sirve rechazar medidas porque las proponga un sindicato, una coordinadora o un espontáneo.
En estos momentos la inquietud se percibe y las convocatorias se suceden. Si evitamos el desprecio por lo que proponen otros y vencemos el miedo a actuar, conseguiremos algo, con toda seguridad.
Mucho ánimo y buena suerte.
Madrid, julio de 2011
Carlos Pulido, profesor
(Este texto puede ser citado se mencione o no su procedencia, puede ser modificado,
recortado, copiado, cercenado o tirado a la papelera de reciclaje digital o analógica. Su
firmante se hace responsable de lo que puede, que ya es bastante, y no se avergüenza de
ser profesor ni funcionario)

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